Manifesto TQ/1

Al inicio de su segunda década, el nuevo siglo sigue pareciéndose a un Novecento vaciado de su sentido. Junto con las ideologías han caído los ideales, junto con la autoridad del pasado también la fuerza del futuro, junto con las certezas morales también las materiales.

En nuestro país, aquellos derechos que se sentían como algo natural se han visto cada vez más debilitados, y han cambiado de significado en función de quien los ha nombrado. Mientras tanto, a lo largo de nuestra frontera se soliviantan y aprietan todos los días, con las distintas rebeliones de la migración y del tumulto, las urgencias de millones de hombres y mujeres a los que se le ha contestado lamentablemente sólo con los CIE, en realidad campos de concentración disfrazados.

Si estos son los tiempos en los que nos toca vivir, los tiempos que leemos, en los que podemos escribir, es inevitable que sean aquellos que trabajan en la literatura y en la industria editorial los que tienen que pasar, después de muchos años de indignación solitaria, al análisis y a las acciones comunes llevadas a cabo con la claridad radical del deber. Esto significa, en primer lugar, observar la propagación del neoliberalismo como una epidemia de Occidente, debida no sólo a la derecha, sino también a una hipotética izquierda y a la ineficiencia de las demás fuerzas políticas; reconocer la peligrosa encarnación demagógica del pensamiento neoliberal que es el berlusconismo, con su insostenible autoritarismo, su desprecio por la legalidad y el saqueo, por bandas de privados, de los bienes públicos, y también aquel innoble racismo de la padania que es el leghismo; contrastar la decadencia de la participación democrática, la degradación de la información, la destrucción del patrimonio cultural y el desmantelamiento del sistema de la escuela pública, junto con la deliberada expulsión de las mujeres del mundo laboral y la representación distorsionada de sus cuerpos en la publicidad y en los medios de comunicación por parte de una sociedad que todavía parece extrañar una verdadera cultura de la diferencia; pero también significa, por último, actuar, tratando de corregir, en la medida de lo posible, la falta de representación política, la definitiva pérdida de autonomía decisional del Parlamento, la confusión y la vulgaridad del discurso público, la defensa propia sin límite de lo que es de facto una oligarquía política, incapaz de escuchar las necesidades de los más débiles, las demandas de los movimientos de la sociedad civil y las presiones de una multitud de ciudadanos sin ciudadanía en un país ahora ya multicultural.

Como reacción a este estado de cosas y a la exclusión de al menos dos generaciones de italianos de la vida política y productiva, el día 29 de abril 2011 una centena de escritores, críticos, editores y periodistas se reunieron en la sede romana de la editorial Laterza bajo el nombre de TQ, «Treinta y Cuarenta», como la edad de los participantes, invocando esta asunción de responsabilidad colectiva: con la certeza de que nuestra generación lleva en su espalda, por primera vez, la carga de los cambios históricos que afectan a todos, y en particular a los más jóvenes. En los meses siguientes a aquel encuentro, los participantes hablaron todos juntos en red, poniéndose de acuerdo sobre la importancia de combinar el uso de las nuevas tecnologías y la participación física a las reuniones y a las iniciativas.

TQ se ha puesto en marcha y sigue funcionando no sólo para discutir, sino para embarcarse en un viaje común de conocimiento y acción. Para abarcar, con el análisis y la práctica, los vastos y entretejidos temas de la educación, de la investigación, del bienestar, del mercado, de los espacios públicos, de la producción y distribución de la cultura. Y para reconstruir, contribuyendo a la reescritura de sus términos, aquel contrato social que se ha roto tanto por la pérdida de la relación directa entre el crecimiento del nivel de la educación y el crecimiento de los ingresos, que había representado previamente las bases de la movilidad social, como por la abolición unilateral del intercambio mutuo entre nuestra generación y la anterior. Sin embargo, TQ no busca una lucha abierta vivida simbólicamente como «matanza de los padres» – o de las madres. Se propone, en cambio, evitar los errores de la generación anterior, y al mismo tiempo mantener con aquellos que nos precedieron un intercambio más auténtico y profundo, que ha de establecerse, sin embargo, sobre nuevas reglas; se propone, por lo que concierne a ello mismo, ejercer constantemente la autocrítica, tanto individual como colectivamente, y asumir las obligaciones – muy a menudo pasadas por alto por muchos, y quizás, hasta ahora, por nosotros mismos – de la claridad, equidad y participación; se propone, finalmente, actuar también y especialmente con el pensamiento hacia las generaciones por venir.

TQ se reúne, por lo tanto, no alrededor de instancias estéticas, sino políticas y sociales. Esto no es, de hecho, un movimiento artístico o literario en el sentido novecentesco de la palabra, sino un grupo de intelectuales y trabajadores del conocimiento que tiene la ambición de intervenir en el corazón de la sociedad italiana y en el macilento tejido de sus relaciones materiales, de indicar con mayor fuerza sus laceraciones – a partir de la sistematización del trabajo temporal, la verdadera herida generacional sobre la que se han enquistado muchos de los males contemporáneos – y de presentar una nueva visión operativa de la cultura, por fin capaz de contrarrestar la implacable devaluación a la que han sido sometidos el concepto mismo de cultura y el papel de aquellos que la producen y difunden. TQ considera la cultura un bien común como es el agua: un bien cuyo acceso debe ser universal y tendencialmente gratuito, cuya administración debe ser estrictamente laica y basada en la competencia. Sólo de esta manera, sólo mediante la lucha contra cualquier tipo de oposición entre tendencias populistas y torres de marfil, entre los simplismos anti-intelectuales y los esnobismos bizantinos, se podrá detener el rampante desprecio por el rigor y el esfuerzo que requiere el estudio y restituir a la opinión pública los instrumentos adecuados de la lectura de nuestro tiempo. También para este fin TQ promoverá seminarios públicos sobre los saberes tanto humanísticos como científicos y económicos, no sólo en una perspectiva interdisciplinaria, sino también en términos de crítica de los conocimientos en sí mismos. 

Con el objetivo, entonces, de hacer frente a la preocupante identificación entre la calidad y cantidad en ámbito cultural, a un uso exclusivo de mediciones numéricas, economicistas del conocimiento, TQ se compromete a la práctica y a exigir el uso de filtros críticos capaces de reconocer y premiar la calidad. Por esto TQ toma como uno de sus principios de acción la promoción de la biblio-diversidad, defendiendo la complejidad y variedad de las escrituras dentro de un panorama editorial prevalentemente orientado por los criterios estéticos y productivos de consumo.

Esta no es una apelación que sea suficiente firmar: esta es una invitación, abierta a todos aquellos que trabajan en el ámbito de la cultura y las artes, a pensar y actuar en conjunto, dejando aparte egoísmos y rivalidades; a poner en juego una parte de su tiempo y en tela de juicio el propio papel artístico o intelectual; a ser con fuerza y con fiereza ciudadanos que actúen como mediadores entre los saberes, interviniendo en el debate político, imaginando nuevos modelos de las prácticas sociales. Esta es una invitación que extendemos a todo el país, una invitación al diálogo y a la formación de comités de TQ, dirigida a todas las categorías de treintañeros y cuarentones que quieran trabajar con nosotros: desde los investigadores a los economistas, desde los artistas de otras disciplinas a los trabajadores del entretenimiento, desde los profesores a los obreros, desde los trabajadores autónomos a los precarios de servicios avanzados – muchos de ellos, como nosotros, luchando con una cantidad indeterminada de papeles distintos: el mismo día, varias veces al día.

Por lo tanto, en estos tiempos de emergencia, la adhesión a TQ se basa en un compromiso ético en vista de una acción política, en un paso personal en vista de compromisos colectivos. Ahora estamos plenamente convencidos, de hecho, que ya no es suficiente dedicarse cada uno, con distante pureza, al arte y a la literatura: ahora más que nunca, es necesario practicar una alternativa humana y común al largo sueño de la razón.

Para adherir a TQ: tq.adesioni@gmail.com